Los dólares que Bolivia necesita están bajo nuestros pies
Los dólares que Bolivia necesita están bajo nuestros pies
Por Miguel Rockholt
Bolivia atraviesa uno de los momentos económicos más complejos de los últimos años. La falta de dólares dejó de ser una discusión reservada a economistas, empresarios o autoridades. Hoy forma parte de la vida cotidiana de las familias, de los productores, de los importadores y de prácticamente cualquier actividad económica.
Durante años nos acostumbramos a una economía que recibía importantes flujos de divisas provenientes de los hidrocarburos. Ese ciclo cambió. La producción y las exportaciones de gas dejaron de generar los mismos recursos y, paralelamente, las reservas internacionales se fueron reduciendo.
Ahora el país necesita dólares.
Y frente a esa realidad, considero que debemos hacernos una pregunta distinta.
No solamente debemos preguntarnos cómo conseguir dólares para Bolivia, sino algo mucho más importante: ¿cómo hacemos para que Bolivia vuelva a producir muchos más dólares?
La diferencia parece pequeña, pero en realidad cambia completamente la discusión.
Podemos buscar financiamiento externo, negociar créditos, administrar las reservas disponibles o establecer nuevos mecanismos cambiarios. Todas esas herramientas pueden ser necesarias en el corto plazo.
Pero ninguna de ellas reemplaza la necesidad de construir una economía capaz de generar divisas de manera permanente.
Y ahí es donde la minería tiene que entrar seriamente en el debate nacional.
Bolivia no puede vivir eternamente buscando dólares afuera
No planteo que los créditos internacionales sean innecesarios. Bolivia necesita financiamiento y debe recuperar la confianza de los mercados.
Pero sería un error creer que el financiamiento externo puede convertirse en nuestra principal estrategia para resolver un problema estructural.
Un crédito puede darnos oxígeno.
Una exportación genera ingresos.
Una inversión productiva puede generar empleo, impuestos, producción y divisas durante años.
Por eso creo que debemos empezar a pensar en una política económica que tenga como uno de sus principales objetivos producir dólares dentro de Bolivia.
Nuestro país tiene recursos naturales que el mundo quiere comprar. Tenemos minerales con mercados internacionales establecidos, productores con experiencia y una tradición minera que forma parte de nuestra propia historia económica.
Tenemos oro, zinc, plata, estaño y otros minerales.
Entonces, la pregunta no debería ser si Bolivia tiene qué exportar.
La pregunta es por qué todavía no estamos haciendo todo lo necesario para convertir ese potencial en una fuente mucho mayor y más estable de divisas.
La minería ya genera dólares. El desafío es generar muchos más
No estamos hablando de inventar una nueva actividad económica.
La minería ya genera miles de millones de dólares para Bolivia.
El punto es que tenemos que preguntarnos cuánto más podría generar si creamos las condiciones adecuadas para que exista mayor inversión, mayor producción, mayor formalización y mayor exportación.
En marzo de 2026, las exportaciones bolivianas alcanzaron aproximadamente 1.321 millones de dólares y el país registró un superávit comercial de 475 millones. Dentro de ese desempeño, la actividad minera volvió a mostrar su importancia.
Esto demuestra algo fundamental: la minería ya es parte de la solución.
Pero puede ser una parte mucho más importante.
Para conseguirlo no necesitamos solamente pedirle al productor minero que produzca más.
Necesitamos construir un sistema en el que producir, invertir, formalizar y exportar desde Bolivia sea una decisión económicamente conveniente.
El productor debe querer estar dentro del sistema
Creo que aquí existe una discusión que debemos abordar con mucha honestidad.
Cuando una persona o una empresa decide si opera dentro o fuera de un determinado sistema, no basta con decirle qué debe hacer.
También debemos preguntarnos por qué debería hacerlo.
Si queremos que más producción minera sea formalizada, debemos conseguir que la formalidad sea atractiva.
Si queremos que más dólares ingresen al sistema financiero nacional, debemos crear condiciones para que esos dólares quieran ingresar.
Si queremos que el oro se venda formalmente en Bolivia, debemos ofrecer mecanismos competitivos para que el productor considere que esa es su mejor alternativa.
En otras palabras: los incentivos pueden ser más efectivos que las restricciones.
Un productor necesita seguridad, rapidez, previsibilidad y condiciones competitivas.
Si encuentra todo eso dentro del sistema formal, la formalización deja de ser solamente una obligación y comienza a convertirse en una decisión racional de negocio.
Ese debería ser nuestro objetivo.
El oro puede ser mucho más que una exportación
Dentro de la minería, el oro merece una discusión particular.
El oro tiene una característica que lo diferencia de muchos otros productos de exportación: además de generar divisas cuando se comercializa internacionalmente, puede convertirse en un activo de reserva.
Por eso considero que Bolivia debería analizar seriamente mecanismos que permitan una mayor participación del sistema financiero y del Banco Central en la canalización formal de la producción aurífera.
Pero debemos hacerlo desde una lógica de mercado.
No se trata de obligar al productor a vender.
Se trata de conseguir que vender formalmente en Bolivia sea tan atractivo que hacerlo sea la decisión natural.
Podríamos pensar en mecanismos ágiles de compra, precios competitivos, seguridad en las transacciones y procedimientos transparentes.
De esa manera, una parte de la producción podría contribuir al fortalecimiento de las reservas y otra podría continuar generando exportaciones y flujo de divisas.
El objetivo no debería ser controlar al productor.
El objetivo debería ser incorporarlo.
La inversión extranjera también genera dólares antes de que exista una mina
Hay otro aspecto que muchas veces olvidamos.
Cuando hablamos de minería solemos pensar en la exportación del mineral. Pero una gran operación minera empieza a generar movimiento económico mucho antes de sacar la primera tonelada.
Antes de producir existen exploración, estudios, maquinaria, infraestructura, construcción, servicios especializados y contratación de trabajadores.
Todo eso requiere capital.
Por eso una política minera seria también puede convertirse en una política para atraer dólares mediante inversión extranjera.
Un inversionista que decide desarrollar un proyecto en Bolivia trae capital al país.
Ese capital puede permanecer durante años financiando exploración, infraestructura y desarrollo productivo antes de que la mina comience a exportar.
Por eso debemos competir por inversión.
Y para competir necesitamos ofrecer algo que cualquier inversionista serio considera indispensable: seguridad jurídica, reglas claras y previsibilidad.
Nadie invierte millones de dólares en un proyecto que puede quedar paralizado por cambios permanentes de reglas, trámites imprevisibles o incertidumbre sobre las condiciones futuras.
Bolivia tiene recursos.
Ahora necesita ofrecer confianza.
No necesitamos solamente más minería; necesitamos mejor minería
Defender una mayor participación de la minería en la economía boliviana no significa plantear una explotación sin reglas.
Al contrario.
Si queremos que la minería sea una de las respuestas a la crisis de divisas, debemos construir una minería más formal, más transparente, más productiva y capaz de atraer capital.
Eso significa facilitar la inversión responsable.
Significa mejorar los procesos administrativos.
Significa combatir la informalidad mediante incentivos adecuados.
Significa promover tecnología.
Significa generar mejores condiciones para que los proyectos puedan pasar de la exploración a la producción.
Y significa también que el Estado, los empresarios, los productores y las comunidades deben encontrar mecanismos de diálogo que permitan que los proyectos sean sostenibles económica, social y ambientalmente.
El desafío no es escoger entre desarrollo y responsabilidad.
El verdadero desafío es construir las condiciones para que ambas cosas puedan coexistir.
De administrar la escasez a producir abundancia
Durante demasiado tiempo hemos discutido cómo repartir los dólares que tenemos.
Creo que ha llegado el momento de discutir cómo generar los dólares que nos faltan.
Esa diferencia debería orientar buena parte de nuestra política económica.
Bolivia necesita recuperar su capacidad exportadora.
Necesita atraer inversión.
Necesita desarrollar nuevos sectores productivos.
Necesita fortalecer los sectores que ya demostraron capacidad para generar divisas.
Y necesita hacerlo con una visión de largo plazo.
La minería no es la única respuesta.
Pero sería un error no reconocer que puede ser una de las respuestas más importantes.
Tenemos minerales.
Tenemos productores.
Tenemos mercados internacionales.
Tenemos experiencia.
Lo que nos falta es construir las condiciones para multiplicar ese potencial.
Una propuesta para salir de la emergencia
Por eso considero que el país debería avanzar hacia una estrategia nacional de generación de divisas que tenga objetivos concretos.
Primero, crear condiciones reales para atraer inversión minera nacional y extranjera, con seguridad jurídica y reglas previsibles.
Segundo, establecer mecanismos competitivos y transparentes para la comercialización formal del oro, de manera que una mayor parte de esa producción pueda ingresar al sistema financiero nacional.
Tercero, simplificar los procesos administrativos que hoy pueden retrasar durante años proyectos que podrían generar inversión, empleo y exportaciones.
Cuarto, generar incentivos para la formalización, entendiendo que el productor debe encontrar beneficios económicos concretos al permanecer dentro del sistema.
Quinto, promover mayor valor agregado, para que Bolivia no se limite a extraer recursos, sino que pueda desarrollar progresivamente cadenas productivas alrededor de ellos.
Y sexto, construir una política nacional de generación de dólares, que no dependa exclusivamente de los hidrocarburos ni de los créditos internacionales.
No se trata de una receta inmediata.
No existe una medida capaz de solucionar de la noche a la mañana el problema de las divisas.
Pero sí podemos comenzar a cambiar la dirección.
Los dólares están debajo de nuestros pies
Bolivia tiene una oportunidad que no podemos desperdiciar.
La crisis de dólares nos está obligando a mirar nuevamente nuestra estructura productiva y a preguntarnos de dónde vendrán las divisas que necesitaremos durante los próximos diez, veinte o treinta años.
Mi respuesta es que una parte importante tendrá que venir de nuestra capacidad de producir y exportar.
Y la minería puede desempeñar un papel central.
No deberíamos mirar nuestros recursos minerales solamente como una riqueza enterrada.
Debemos mirarlos como una oportunidad para atraer inversión, generar empleo, fortalecer nuestras reservas, incrementar las exportaciones y producir los dólares que necesita nuestra economía.
Pero para conseguirlo tenemos que cambiar la lógica.
No se trata solamente de extraer más.
Se trata de invertir más, producir más, formalizar más, exportar más y hacer que una mayor cantidad de esas divisas permanezca dentro de Bolivia.
El país no puede depender eternamente de conseguir dólares afuera.
Necesitamos volver a producirlos aquí.
Y probablemente una parte importante de esa respuesta está, literalmente, debajo de nuestros pies.