La festividad de las Ñatitas da inicio en La Paz
El Cementerio General de La Paz se llena de ofrendas y devoción en la celebración del desentierro de las Ñatitas, que marca el inicio de una tradición arraigada en su cultura.
Por Boris Mamani · noviembre 8, 2026
Con la llegada de noviembre, el Cementerio General de La Paz se convierte en el centro de una de las festividades más emblemáticas de la ciudad: el desentierro de las Ñatitas. Este evento, que se celebra cada 8 de noviembre, reúne a numerosos creyentes que llegan para rendir homenaje a sus calaveras, adornándolas con flores, velas y otros elementos significativos.
Desde muy temprano, los devotos se acercan a sus Ñatitas, que son cráneos humanos considerados protectores con poderes especiales. Estas calaveras, muchas veces pertenecientes a familiares o personas queridas, son tratadas con gran cariño, donde los creyentes les hacen ofrendas y elevan oraciones, agradeciendo por los favores recibidos a lo largo del año.
Para los creyentes, las Ñatitas representan algo más que simples restos humanos; son una conexión espiritual que merecen respeto y atención. A lo largo del año, algunas familias cuidan de ellas en sus hogares, brindándoles ofrendas y dedicándoles tiempo, pero en noviembre, la devoción se hace más visible en el cementerio, que se llena de misas y encuentros de agradecimiento.
Durante esta celebración, las calaveras son adornadas con diversos artículos. Entre los presentes más comunes se encuentran las hojas de coca, cigarros y coronas de flores, cada uno de estos elementos cargados de simbolismo dentro de esta práctica cultural que ha sido transmitida de generación en generación.
La fiesta de las Ñatitas es un claro reflejo de la rica diversidad cultural de Bolivia y su forma de entender la espiritualidad. Aunque puede resultar llamativa o extraña para quienes no están familiarizados con esta tradición, para quienes la viven representa un profundo vínculo de respeto y confianza que trasciende la muerte.
Esta celebración representa una relación de respeto, confianza y agradecimiento que se mantiene más allá de la muerte.