El impactante relato de Hitomi Soga: secuestrada por Corea del Norte y forzada a casarse con un soldado estadounidense
Hitomi Soga fue víctima del programa de secuestros de Corea del Norte, donde pasó 24 años de su vida antes de regresar a Japón. Su historia es un testimonio de resistencia y esperanza.
Por Wilmer Choque · agosto 30, 2026
En una tarde cálida de agosto de 1978, la vida de Hitomi Soga, quien tenía solo 19 años, dio un giro inesperado mientras caminaba junto a su madre por la isla de Sado, en Japón. Justo cuando regresaban a casa tras hacer unas compras, tres hombres las interceptaron y las secuestraron.
Soga recuerda que la secuencia de eventos fue confusa; la llevaron en lancha y luego en un barco, sin poder hablar con su madre. La angustia de no poder despedirse de ella la marcó profundamente. Cuando finalmente le quitaron la bolsa de la cabeza, se dio cuenta de que no estaba en Japón.
Durante las décadas de 1970 y 1980, el régimen norcoreano llevó a cabo un programa de secuestros con el fin de obtener personas japonesas para enseñar el idioma y la cultura a sus espías. Japón ha documentado al menos 17 casos de ciudadanos que fueron raptados en esa época, aunque la cifra real podría ser mayor. Soga se pregunta si fue un objetivo específico o una víctima al azar.
Hitomi permaneció dos años en un cuartel militar, sin saber nada de su madre. Describe cómo, mirando al cielo, lloraba por su familia y se aferraba a la esperanza de regresar a casa. En 1980, le informaron que debía casarse con un soldado estadounidense, Charles Jenkins, quien había desertado a Corea del Norte.
A pesar de las circunstancias, Soga desarrolló un profundo cariño por Jenkins. Juntos tuvieron dos hijas y, aunque su vida estaba marcada por la vigilancia del régimen, Soga encontró consuelo en su familia y en los pequeños momentos de felicidad.
La situación cambió en 2002 cuando se reveló al mundo la verdad sobre los secuestros. Durante una cumbre entre Japón y Corea del Norte, Kim Jong-il admitió haber raptado a varios ciudadanos japoneses. Esto llevó a Soga a recibir permiso para visitar Japón y reencontrarse con su familia tras más de dos décadas.
Finalmente, tras un proceso complicado, Soga se quedó en Japón, mientras que su esposo y sus hijas se unieron a ella más tarde. Desde entonces, ha dedicado su vida a la búsqueda de justicia por los que aún permanecen secuestrados y no pierde la esperanza de que su madre, Miyoshi, regrese.
Jenkins falleció en 2017, y Soga continúa su lucha. "Cada día cuenta para aquellos que siguen atrapados", afirma, y espera que su determinación inspire a su madre, donde quiera que esté.