ECONOMÍA

El gabinete de Rodrigo Paz: rotación constante entre ministros

Un análisis revela que la movilidad en el gabinete del presidente Rodrigo Paz está en aumento, con un número significativo de designaciones interinas en diversas carteras, lo que plantea interrogantes sobre la eficacia de la gestión.

Por Wilmer Choque · agosto 11, 2026

Una revisión reciente de los decretos publicados en la Gaceta Oficial de Bolivia, realizada por la periodista Gabriela Ichaso Elcuaz, ha puesto de manifiesto una notable rotación en el gabinete del presidente Rodrigo Paz. Desde el 8 de noviembre de 2025 hasta el 7 de agosto de 2026, se emitieron 185 decretos, de los cuales 71, aproximadamente el 40%, corresponden a nombramientos interinos.

Este fenómeno ha generado una red de suplencias donde un grupo reducido de ministros se encarga de cubrir temporalmente las ausencias de sus colegas. Entre ellos, destaca Fernando Aramayo, exministro de Relaciones Exteriores, quien ha acumulado 63 días en misiones internacionales en los primeros meses de la gestión actual. Sus viajes han incluido países como Brasil, Suiza, Estados Unidos y Türkiye, abordando temas de cooperación internacional y seguridad hemisférica.

La revisión también revela que Aramayo ha desempeñado funciones interinas en otras carteras, como Economía y Finanzas, lo que indica su elevada movilidad dentro del gabinete. A pesar de la designación de Héctor Huanca como nuevo canciller, Aramayo volvió a tener un papel protagónico en el viaje de posesión del nuevo presidente de Colombia.

Además de Aramayo, se identifican otros ministros, como José Luis Lupo y Oscar Mario Justiniano, que frecuentemente asumen roles interinos en diferentes carteras. Este patrón de rotación genera preocupaciones sobre la gestión ministerial, ya que mientras algunos ministros están ausentes, otros acumulan días en funciones interinas.

La revisión de decretos también plantea la necesidad de que la Asamblea Legislativa Plurinacional supervise los gastos generados por estos viajes, ya que no se ha especificado cuánto ha costado cada misión al erario público. La interrogante que surge es qué beneficios concretos ha traído esta intensa agenda internacional para Bolivia en términos de inversiones o acuerdos.

Finalmente, la investigación de Ichaso no cuestiona la validez de las suplencias, sino la frecuencia con la que son utilizadas, sugiriendo que esta práctica ha pasado de ser una excepción a convertirse en una norma en la administración de Paz. La pregunta que queda es: ¿cuánto está costando al Estado esta agenda activa y qué resultados está aportando realmente al país?