Ofrecen a la Pachamama: La tradición de las mesas rituales en agosto
Con la llegada de agosto, las familias bolivianas preparan las waxt’as para rendir homenaje a la Pachamama, buscando prosperidad y salud para el nuevo ciclo. Elementos como la q’uwa y el sullu son imprescindibles en estas ofrendas.
Por Lucía Huanca · julio 31, 2026
La Paz y El Alto se llenan de aromas de incienso y copal mientras los amautas y chifleras dan forma a las tradicionales mesas de ofrenda, conocidas como waxt’as. Este ritual, que tiene lugar en agosto, es una forma de agradecer a la Pachamama (Madre Tierra) y pedirle abundancia en salud, trabajo y protección.
En las calles de La Paz, especialmente en Santa Cruz y Max Paredes, así como en la plaza Ballivián de El Alto, se puede ver a muchas personas encargando y preparando estas mesas. Una chiflera, que prefiere mantenerse en el anonimato, comparte que su familia ha estado en este oficio por generaciones, recordando cómo su madre ganó la confianza de las familias que regresan año tras año.
Margarita, otra chiflera de la calle Santa Cruz, ofrece mesas listas que van desde 150 hasta 1,000 bolivianos. Destaca la importancia del sullu, que es el feto de llama o cerdo, esencial en la ofrenda: “La Pachamama tiene hambre y hay que alimentarla con cariño”, asegura.
Cada elemento en la waxt’a tiene un significado específico, como el papel blanco que cubre la mesa, la lana de llama que atrae prosperidad, o la q’uwa, cuyas propiedades aromáticas agradan a las deidades. Los rituales también incluyen el uso de chancaca y canela, que simbolizan bondad y armonía.
El alcohol y la cerveza se emplean para humedecer las ofrendas, simbolizando gratitud y conexión entre humanos y naturaleza. Asimismo, se incorporan dulces en diversas formas, representando deseos y esperanzas para el futuro.
Las cenizas de las ofrendas no se desechan, sino que se entierran en macetas de plantas, regresando a la tierra como una ofrenda adicional a la Pachamama. Con la llegada de agosto, las calles se llenan de fervor y tradición, mientras los bolivianos se preparan para alimentar a la madre tierra y renovar su vínculo ancestral.