CULTURA

Investigación gastronómica: un viaje por el patrimonio alimentario de Bolivia

La gastronomía boliviana se embarca en un proceso de investigación para preservar sus tradiciones y conocimientos, con el fin de mantener viva la identidad cultural y alimentar la memoria colectiva.

Por Wilmer Choque · agosto 12, 2026

Cada receta tiene el poder de narrar la historia de una familia, y un simple pan puede representar la esencia de un territorio. Por ello, la gastronomía juega un papel crucial en la investigación y documentación de saberes que rodean nuestros alimentos, buscando así evitar que se pierdan y encontrar maneras de mantenerlos актуales.

Alizon Cruz, directora de Gastronomía y Artes Culinarias en la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), destaca que el patrimonio alimentario engloba todo lo que ha forjado la historia de nuestros alimentos. En Bolivia, este patrimonio es especialmente rico, dado que muchos de nuestros alimentos han sido transmitidos de generación en generación, convirtiéndose en un legado cultural.

La investigación del patrimonio alimentario va más allá de la mera preparación de platos; implica rastrear el origen de los ingredientes, conocer a sus productores, entender las técnicas empleadas y descubrir las historias que acompañan cada preparación. La marraqueta, conocida también como pan de batalla, es un claro ejemplo de cómo un alimento puede encarnar el vínculo entre la comida, el territorio y la identidad paceña. Su elaboración y su consumo diario son parte de un saber que se ha mantenido a lo largo de los años.

La Ley Departamental N° 245/2024 ha reconocido a la marraqueta como Patrimonio Cultural Material, así como su proceso de producción como Patrimonio Cultural Inmaterial en La Paz. Este reconocimiento va más allá de lo legal; refleja cómo la marraqueta se ha convertido en un símbolo de la relación entre el territorio, la cultura y la alimentación.

Juan Andrés Ugaz, maestro panadero e investigador, aporta su experiencia en la preservación de tradiciones culinarias. Su libro, "Panes de Ayacucho", ilustra cómo las tradiciones pueden ser una vía para fortalecer la identidad y fomentar el desarrollo local. Ugaz sostiene que su trabajo se centra en entender la cocina y la panadería como un patrimonio colectivo.

La academia juega un rol fundamental en este proceso. Los estudiantes de gastronomía no solo adquieren habilidades culinarias, sino que también aprenden a investigar y documentar los orígenes de los ingredientes y las recetas. Cruz enfatiza la necesidad de registrar las raíces de nuestra gastronomía, lo que contribuye a la conservación de técnicas y saberes tradicionales. Esto no solo ayuda a preservar la cultura culinaria, sino que también permite a futuras generaciones entender la importancia de los alimentos en su contexto histórico.

La investigación también abre la puerta a nuevas propuestas gastronómicas que sigan honrando la tradición. La chef boliviana Marsia Taha subraya que las cocinas están en constante evolución y es esencial que los estudiantes se conecten con su territorio y productos locales.

El legado de las tradiciones culinarias no solo beneficia a quienes las mantienen vivas, sino que también crea oportunidades en ámbitos como la educación, el turismo y la economía. La colaboración entre entidades públicas, privadas y la sociedad civil es crucial para rescatar y promover estos saberes.

Así, cada técnica documentada y cada historia recuperada se convierte en un eslabón en la cadena de la memoria colectiva boliviana, enriqueciendo la identidad cultural y promoviendo el desarrollo del país.